Mi nombre es Mariana, y escribo esto con el corazón destrozado por mi bebé Gael.
Gael tiene solo 6 meses, y debería estar creciendo, sonriendo, moviendo sus manitos y descubriendo el mundo en mis brazos. El día que nació fue el momento más feliz de mi vida. Sentí el amor más puro, más grande y más bonito que una madre puede sentir.
Pero pocos meses después, recibimos una noticia que nos destruyó. Mi bebé fue diagnosticado con neuroblastoma, un cáncer agresivo que ataca a niños pequeños y que puede avanzar muy rápido. Desde ese día, nuestra vida cambió por completo. Ya no vivimos tranquilos. Vivimos con miedo, con dolor y con la angustia de no saber si podremos salvar a nuestro hijo.
Gael es tan pequeñito que no puede decir dónde le duele. Solo llora, se cansa, se debilita y me mira con esos ojitos como si me pidiera ayuda. Hay momentos en los que lo abrazo y me rompo por dentro, porque soy su mamá y no puedo quitarle este sufrimiento. Lo veo sufrir, lo veo débil, lo veo con dolor y me duele el alma porque no puedo hacer nada para aliviarlo.








